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27- 31 August 2011, Paris - France
Una mujer de 56 años acude a las urgencias del hospital más cercano a su domicilio aquejada de dolor en el pecho. La exploración clínica revela que la paciente no tiene nada y es enviada a casa, probablemente con el consejo de descansar y tomarse la vida con más calma. Las visitas se repiten más veces y, de nuevo, el electrocardiograma de rigor no revela ninguna anomalía. En una de esas ocasiones, un médico decide prescribir una prueba de diagnóstico por imagen, en concreto una ecografía de estrés tridimensional. En esta ocasión, no se envía a casa a la mujer. Las imágenes de su corazón, precisas, muestran que algo no va bien. Para definir qué es, el equipo de imagen del hospital opta por otra prueba, una tomografía axial computorizada (TAC) de 64 cortes. Se ve entonces que la mujer presenta una lesión coronaria importante, que había pasado desapercibida a los métodos tradicionales de detección.

Esta experiencia pone de manifiesto cómo la tecnología se ha convertido en una aliada imprescindible del médico para diagnosticar la enfermedad cardiovascular antes de que sea demasiado tarde. El caso, que sucedió en el Hospital Clínico de Madrid, fue seleccionado por el comité científico del Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología, que acaba de celebrarse en París con la asistencia de más de 30.000 especialistas, para su presentación en directo a los asistentes a una de las sesiones.

En la sede del congreso, el director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), Valentín Fuster, y el jefe de la Unidad de Imagen del Instituto Cardiovascular del Hospital Clínico Universitario San Carlos de Madrid, José Luis Zamorano, dirigieron la sesión en la que se explicó cómo los especialistas Covadonga Fernández-Golfín y Marcos Alberca diagnosticaban a la mujer española la lesión oculta gracias a la tecnología.

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